lunes, 21 de diciembre de 2015

Claro de Luna.


Escucho el rugir del mar
acariciando suavemente
la arena blanca de tu piel,
la sutil lluvia cayendo
en tus praderas apasionadas,
mientras mis versos
se escriben en tu costado.

Escucha vida mía
estas palabras necias,
que hablan de tu andar
de este amor que subyuga
el tiempo decapitando
los segundos a su paso,
esperando ansiosamente
nuestro encuentro sagrado.

Y deslizo mis versos,
como si fuesen besos
encontrados en el furgón
de este riel que descarrila
sus emociones en tu pecho,
saciando su encuentro
en cada beso encallado.

Y es de este silencio
con sus recuerdos suicidas,
desprendiendo mi voz
en el claro de luna,
llamando por tu nombre
a tu silueta ingrávida
que llega sigilosa entre sábanas
a mi encuentro en este lecho;

donde mis añoranzas de ti
pierden su cordura y arrogancia
decantando sus caricias burdas
entre los suspiros eyaculando
en estas noches bohemias
entre el sol y la luna.

Es este amor delirante,
acotado en tus manos de sirena
y arrebatando mis estertores
en este nocturnal eclipsado
llenando mis versos
con cada uno de tus besos
y las caricias que bañan
mi cuerpo falleciendo
en la eternidad de tus brazos.


José Flores©.
12/21/15.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Nadie Es Culpable.



Despierto a las cuatro treinta de la mañana
no eres tú, ni te culpo a ti por mis desvelos,
es este necio corazón y mis sueños
que abrevian mis noches y las tornan mañanas.


Es este corazón que abnegado
develando las letras que hablan de ti,
de tus recuerdos enmelados en besos
en recuerdos acariciando mi pecho.

No eres tú la culpable de este desvelo
de este despertar entre líneas
acariciando los poros de mi piel
exigiendo la humedad de tus labios.

Soy yo el culpable de amarte hasta el suspiro,
de llenarte en estos amaneceres de invierno
con la calidez que mis letras depositan
en cada verso escrito en tu espalda.

Soy yo y mi locura impregnada de ti
del regocijo que mi corazón bohemio
siente al recitar sus coplas a tu oído
diciéndote te amo vida mía.

No te culpo a ti, ni a las estrellas
que escriben tu nombre en las noches,
ni mis recuerdos de tus manos,
ni las noches acotadas en tus piernas.

Nadie es culpable de mis desvelos,
sino es la consecuencia de mi agonía
de no verme entre tus brazos
y reclamar al viento tu nombre.

Nadie es culpable, ni mi loco corazón,
ni mi piel impregnada de ti,
ni tus anhelos enclavados en mi espalda,
ni tu amor tatuado en mi alma.

José Flores©.

12/14/15