martes, 17 de enero de 2017

¿Cuándo te conocí?

Podría decirte que te conocí
desde el momento antes
de mirar la profundidad
de tus ojos bizantinos;
allí en ese mirar somnoliento,
en ese mar profundo
de tus pensamientos.

Allí fue donde me descubrí,
en tus manos artesanas,
allí donde moldeabas
tus sueños frívolos
anudando cada palabra
en el silencio agobiante
de tu sexo sentido,
allí en ese inmenso instante
donde nuestros labios
se encontraron en discreto,
sencillo y delirante beso.
Allí fue donde me redescubrí,
en la cavidad de tu ser,
allí donde las caricias
escriben sus sonetos,
allí en el crepúsculo
de tus largas piernas.
Usurpando tus secretos,
tus suspiros, tus estertores
de ninfa en éxtasis,
depurando las estrellas
en esta noche de luciérnagas.
Heme aquí bella sirena,
heme en tu silente sonrisa
que carcome mi pensar,
que describe perfectamente
la dicha mortal del día,
en la perfecta caída de la noche
que decanta tu salvia
entre mis dedos pecadores.
Y es tu silencio,
tu pecho desnudo tejiendo
con cada latido de tu corazón
que desuella la trementina
estacionada en mis labios
amotinados entre tus poros.
Soy tu secreto,
tu despertar entre el cielo
y la tierra que nos une
en esta profunda ansiedad
de poseernos entre las cortinas
de esta alcoba nupcial.
Soy tu sonrisa resonante,
aquella que descubre
tu pensar acotado
entre el despertar meridense
y mi otoño polar.
Soy tu palabra sin sentido,
esa respuesta del tiempo,
ese retozar entre sábanas húmedas
de encuentros clandestinos.
Eres mi pasión descrita
en un solo nombre,
en esa palabra que grito
con toda fuerza al cielo
y se desliza entre las paredes
que me llenan de ti,
de tu recuerdo y tu sentir.
Eres el amor de mis vidas pasadas,
la gota de recuerdos ancestrales
que de derrama en mi pensar,
en esta historia sin contar
entre tu piel y mis labios.

José Flores.
Ene-17-2017.

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